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De vuelta a la leonera

De vuelta a la leonera
junio 09
00:08 2014

Piper Kerman jamás se hubiera imaginado que su historia sería conocida por tanta gente durante su estadía en prisión. Mucho menos que lo sería a través de Orange Is The New Black, una de las producciones que se enmarcan en la camada de series producidas por la plataforma interactiva Netflix. La segunda temporada, estrenada este fin de semana, continúa el relato de sus días de presidaria a través del rostro de Taylor Schilling en el papel de Piper Chapman, la joven blanca protestante (como curiosamente las llaman en Estados Unidos: WASP) que debe pasar sus días en la prisión estatal de Lichtfield, Nueva York.

Orange Is The New Black encuentra la razón de su éxito en la sutil mezcla de humor y drama, sin caer en golpes bajos ni comedia liviana. Esto lo vemos al encontrar a la serie alejada de la crudeza de una Leonera de Pablo Trapero, pero escapándole a la parodia que quizá podamos encontrar en Arrested Development. Aristas como la soledad, el lesbianismo y el abarrotado sistema penal norteamericano no son evitados en el camino de Piper.

Alejada de su pasado cargado con un fugaz amor juvenil que la llevó por la ruta del narcotráfico, Chapman ahora lleva una vida de paz y tranquilidad en los suburbios de Brooklyn con su marido Larry (interpretado por un entrañable Jason Biggs). Grande es la sorpresa cuando el pasado le toca la puerta y es condenada por sus viajes a Europa con sustancias entre sus valijas. Ya durante sus primeros días tras las rejas desfilan ante los inocentes ojos de la rubia personajes por demás extravagantes, entre ellos Alex (Laura Preppon), la ex novia de Pipper que la llevó a transitar fiestas y excesos en el viejo continente.

Orange Is The New Black no sólo se alinea detrás de producciones propias de Netflix como la superlativa House of Cards o The Square (documental nominado al Oscar sobre las revueltas de Egipto). La serie se ubica junto a otras historias que encuentran a sus personajes entre cuatro paredes y las obligan a centrarse sobre sus complejos y ansiedades. American Horror Story, The Walking Dead, la recordada Prison Break. Historias que se inscriben en las paredes de un ambiente que posee un mismo tema que las atraviesa: la ansiedad que produce la interacción con el prójimo en esa situación límite, aún antes que el escape. Asedio zombie, arquitectura de un escape o acoso lésbico, el trato con un igual es el eje transversal que toca a todas estas producciones.

Naturalmente, la serie de Netflix exhibe particularidades (muchas de ellas virtuosas) que la transmisión alejada de la presión del rating le otorgó. La pregunta acerca de qué empujo a una presidaria a ser presidiaria o a un guardia a estar en ese lugar ronda alrededor de toda la trama. La realidad de un sobrepoblado sistema penal, sin llegar a la crítica academicista, es transparentemente reflejada. Esto se emparenta a la ficción gris, ambivalente y esquiva al maniqueísmo moral norteamericano que nos tenía (tiene) acostumbrados que es House of Cards. Ambas se mantienen centradas en tramas que atraviesan un prisma irónico sobre temas cercanos a la corrupción, los tratos espurios y la problemática de género, sin llegar al denuncismo vacío (muchas veces, justamente, moralista).

Es así como la segunda temporada nos presenta a una Pipper alejada de la posibilidad de salir de prisión. La culpa que le produce pensarse como responsable de la muerte de una de sus compañeras presidiarias le quita toda esperanza de libertad. Mientras que la primer temporada giraba en torno a las vivencias presentes de una protagonista en transición, el juicio al que la someten, centrando toda la acción ya definitivamente en la penitenciaría, da lugar a que el abanico de personajes secundarios se desarrolle con más aire.

Al igual que lo que ocurrió con las entregas de House of Cards, la segunda temporada de Orange Is The New Black se encuentra estrenada en su totalidad en Netflix. Es a criterio de cada internetvidente la manera de enterarse que le sucede a la (ya no tan) inocente Pipper.

 

Iván Soler – @vansoler

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