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El rock chabón como resistencia

El rock chabón como resistencia
diciembre 29
00:00 2014

Por Santiago Lecuna. El incendio del boliche República de Cromañón el 30 de diciembre del 2004 significó el declive de lo que fue una de las mayores novedades musicales de los 90. Desde ese momento, se acrecentaron las críticas a una subcultura negada hasta por sus propios colegas rockeros.

Diferentes músicos han sostenido que el rock chabón es el responsable de las muertes de aquella noche de fin de año. Tamaña acusación se fundamentó en las características intrínsecas de este estilo, distintas a las del resto de rock nacional. Especialmente, el pionero de la década de ’70.

En este sentido, el antropólogo Pablo Semán sostiene que ciertos sectores leen a Cromañón como una venganza de clase. Es decir, que por ser el rock chabón como es, ocurrió la tragedia. En definitiva, lo tenía merecido. Pero, ¿qué es el rock chabón?

Cobijado por los sectores medios y medios bajos, ese estilo musical fue el producto de una situación social particular. Su auge fue durante los noventa, donde las políticas menemistas combinaban el desempleo masivo con el abaratamiento de los equipos musicales que posibilitaban su acceso.

Así apareció un nuevo estilo tranzando su propio camino dentro la escena del rock and roll. Desde un principio, el incipiente movimiento fue señalado por contener una propuesta diferente a la del resto del rock local.

En este sentido, el rock nacional, especialmente en sus orígenes, hablaba de lo insoportable del sistema, quería romper con él y con sus espejismos de consumo y progreso. La imagen hippie se completa con la huida de la ciudad al campo, en busca de algo más auténtico.

Por su parte, el rock chabón también expresa una crítica al sistema, pero desde una posición distinta. No se queja de un sistema que estandariza y moldea las mentes, sino de una situación inmediata de miseria generalizada. Las letras de este estilo abordan las problemáticas de su época: la pobreza, la desocupación, el barrio, el consumo de drogas. Es decir, retrató cómo era el día a día de los que fueron expulsados de ese sistema. Testimonió la fractura del tejido social que provocaron las políticas neoliberales junto a la desaparición del mundo del trabajo tal como lo formó el Estado de bienestar.

De esta manera, muchas críticas que se le realizan se basan en lo “cuadradas” de sus letras que van en contra de la supuesta poesía que el rock and roll debe proponer. Así, se lo descalifica considerándolo también rock “cabeza” o comparándola con la cumbia villera.

Otro de los cuestionamientos recibidos es por su futbolización o por la lógica del aguante que lo rige. El ambiente futbolero de los recitales (cantitos, banderas y, hasta la noche de la tragedia, bengalas) también es una diferencia con respecto a los orígenes el rock, que nada tenía que ver con el fútbol.

La relación entre el rock chabón y el aguante futbolero es tan real como criticada. En esta línea, los cuestionadores de esta corriente del rock rechazan el activo rol del público. El argumento sostiene que al poner el foco en la comunión fans-banda pierde importancia lo fundamental: el contenido de la obra.

Así, el rock chabón parece destacarse por lo descarnado de sus letras y, en sintonía con todo el rock, por el descontrol o los excesos. Pero nunca es reconocido por ser un rock de los afectos. La dimensión que se señala es la del reviente y no la de los lazos afectivos e íntimos, que pueden funcionar como una resistencia.

Esta subcultura se formó en torno a los amigos, la familia y al barrio, los narra a ellos y se narran ellos mismos porque son parte de ese mundo. Son los lazos afectivos e inmediatos los que siempre están retratados y esto puede entenderse como una resistencia.

Tanto Callejeros como todo el rock chabón se dedicó a señalar la situación económica y social de las capas medias-medias bajas. Es decir, que la dominación es señalada y los músicos reconocen su lugar de subalternos.

Desde esta posición de dominados, mostraban aquellos refugios íntimos que, al menos de forma absoluta, el neoliberalismo no alcanzó a trastocar: la esquina, el grupo de amigos, la familia, son aquellas relaciones que, pese al panorama de miseria generalizado, continúan bajo una lógica que es propia.

Desde este punto de vista, podemos entender al rock chabón como una respuesta a una realidad concreta y material desde el plano simbólico. Hasta que punto esa respuesta modificaba la realidad concreta es un interrogante que este estilo no se planteó.

De esta manera, más allá del reviente a partir del consumo de drogas y de la bronca contra la policía o los políticos, son los afectos los que aparecen como aquella trinchera de resistencia donde la lógica predominante es la de los lazos afectivos y no la del capital.

 

@santi_rayado

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