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Una argentina en el clásico español

Una argentina en el clásico español
marzo 25
00:02 2015

Por Florencia Capeletti, desde Barcelona. No puedo opinar escribiendo la palabra “mejor” o “peor”, no hay parámetros para definirlo, pero sí puedo decir que fue diferente; habiendo vivido las dos experiencias, puedo definir al clásico español como distinto a cualquier clásico argentino.

Empecemos con la venta de entradas: la realicé a través de la web desde la página oficial del Barcelona. Al entrar te indicaba que formabas parte de una “cola web”, detallándote cuánta gente se encontraba delante tuyo y el tiempo de espera; eran 1770 personas, una espera aproximada de 20 minutos. Sin colapsos, sin problemas. Tenés 15 minutos para comprar. Entrás, elegís, pagás e imprimís, con la impresión entrás directo, o más simple: alcanza con llevar el archivo pdf en el celular.

Insisto, no se puede decir que una cosa es más linda que la otra sin apelar a la subjetividad, pero una vez más puedo opinar que el viaje hasta el Camp Nou no se puede comparar con ningún viaje hasta algún estadio de Argentina, mucho menos en un día de clásico.

Llegás, entre otras cosas, en subte. Uno cada cuatro minutos, sin atrasos, sin calor, sin colapso de gente. Con una caminata de no más de cinco minutos el inmenso estadio aparece. No hay vallas, no hay un policía al lado del otro, no hay calles cortadas ni amontonamiento de gente, no hay filas. Una puerta pegada a la otra, permitiendo de esta manera que el público se disperse rapidamente y los accesos sean tranquilos. Y cuando entrás, ahí sí, nada es comparable. De todas las canchas o estadios que conocí, ninguno es como este: imponente es la palabla que mejor lo describe, te hace sentir en la sangre que llegaste a la casa del mejor club de fútbol del mundo en la actualidad.

Asientos numerados, todos sentados. Llegás y tu asiento esta ahí, esperándote, sin ocupantes. En este caso en particular también me esperaba una cartulina de color amarillo que me permitiría más tarde formar el denominado “mosaico”. Desde mi asiento ubicado en un lateral la vista era perfecta.

Los equipos salen a la cancha y a una se le pone la piel de gallina. De algo estoy segura y es de que para cualquier amante del fútbol estar viviendo en persona el derby español es estar dentro de uno de los eventos más emocionantes. Algunos lo llaman “show”, y sí, lo es, pero es un show de fútbol: los hinchas del Barça te contagian pasión y amor por la camiseta. Son eso, hinchas: cantan el himno del club con el corazón, aplauden a sus jugadores, se enojan con el árbitro, insultan a los rivales.

Pero hay algo que es lo más claro de todo y se entiende sin importar lo que sepas de fútbol: Messi es Dios y Cristiano, el Diablo. El 7 del Real Madrid no puede tocar una pelota sin ser silbado; y el 10 del Barcelona es amado por sus hinchas más allá de su actuación.

Cuando termina el partido la salida es, una vez más, simple y organizada. El subte es impecable: un cronograma diseñado especialmente para día de partido, un tren por minuto y trenes vacíos aunque no se trate de una estación terminal.

Así termina la experiencia de vivir el clásico español, hasta el momento incomparable.

¿El partido? Cambiante. El primer tiempo fue dominado por los madrileños, con lujos incluidos, y el segundo por el equipo local, que tuvo la precisión de convertir dos veces y quedarse con los tres puntos, que lo alejan en el primer puesto de la tabla de posiciones.

@florcape90

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