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URSS-Chile: el partido de la vergüenza

URSS-Chile: el partido de la vergüenza
septiembre 26
12:39 2016

Chile, 1973, el 11 de septiembre la selección chilena debía presentarse en el campo de entrenamiento de Juan Pinto Durán para ultimar detalles antes de partir hacia la Unión Soviética a jugar el primer partido del repechaje hacia el Mundial de Alemania 1974. Ese entrenamiento nunca existió y los jugadores que se hicieron presentes fueron enviados inmediatamente a sus casas por el director técnico Luis Álamos.

Aquel día, un golpe de Estado impulsado por el general Augusto Pinochet y apoyado por los Estados Unidos derrocó al gobierno democrático de Salvador Allende. La Unidad Popular, el frente que llevó a Allende a la presidencia, había ganado las elecciones de 1970 irrumpiendo en el tradicional bipartidismo chileno. Con un programa de reformas radicales y su proyecto de “vía chilena” al socialismo se ganó el apoyo popular pero también la enemistad de las grandes empresas multinacionales, la oligarquía chilena y los medios de comunicación conservadores. Finalmente, esto terminó desencadenando el golpe y la imposición de una dictadura sangrienta en uno de los pocos países sudamericanos que habían contado con varias décadas ininterrumpidas de funcionamiento democrático. Y mientras tanto, el fútbol.

Chile camino al mundial

En una eliminatoria muy particular, la selección chilena debía enfrentar en un mismo grupo a Perú y Venezuela. Los vinotintos se dieron de baja, por lo que la posibilidad de clasificar al mundial quedó reducida a un partido de ida y vuelta entre los trasandinos y los peruanos. Luego de dos resultados similares (2-0 para el local en cada partido) el desempate quedó para los chilenos. Eso habilitó a “La Roja” a jugar el repechaje con el ganador del grupo 9 de la eliminatoria europea: la Unión Soviética.

La política del fútbol y el fútbol de la política: la ida a Moscú

Todo parecía encaminarse. Chile debería jugar el partido de ida en Moscú y luego definir en Santiago. Sin embargo, el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 cambió todo.

La dictadura de Augusto Pinochet decretó que estaba prohibido salir del país. La Federación de Fútbol de Chile debía acatar la medida, pero el médico de la Selección, Jacobo Helo, resultó ser también el médico personal del general Gustavo Leigh, Jefe de la Fuerza Aérea, y convenció al alto mando militar de que la participación del equipo favorecería la imagen internacional del gobierno militar.

Con mucha tensión viajaron los jugadores de la selección de Chile. Por un lado se decía que al llegar a la URSS serían tomados como rehenes para intercambiarlos por presos políticos. Por el otro, varios futbolistas temían seriamente por sus seres queridos mientras estuvieran fuera del país. “Teníamos miedo por nuestras familias, ellos quedarían en Chile y casi todos nosotros nos identificábamos con el gobierno saliente. Uno no sabía que iba a pasar. Igual viajamos, todos queríamos ir al Mundial” comentó años después el volante de contención Guillermo Páez.

A pesar de todas las suposiciones y de un viaje accidentado con más de 6 escalas entre Santiago y Moscú, los chilenos se hicieron presentes en el Estadio Lenin el 26 de septiembre de 1973 y obtuvieron un valioso empate. Un dato curioso de ese partido lo dio Hugo Gasc, el único periodista chileno que estuvo en Rusia: “Por suerte el árbitro era un anticomunista rabioso. Junto a Francisco Fluxá, el presidente de la delegación, lo habíamos convencido de que no nos podía dejar perder en Moscú, y la verdad es que su arbitraje nos ayudó bastante”.

Ocultando el horror: la vuelta a Santiago

La vuelta debía jugarse el 21 de noviembre en el Estadio Nacional de Santiago de Chile. Sin embargo, la dictadura le había dado otro uso a la sede deportiva. Allí se había montado el campo de concentración más grande del país. Los presos políticos se lucían en las tribunas del estadio esperando ser liberados. “Con el correr de los días las graderías se fueron despoblando: muchos libres, otros asesinados en las noches y un par de suicidas”, recuerda Gregorio Mena Barrales, quién estuvo detenido en el estadio y había sido gobernador de la localidad de Puente Alto por el Partido Socialista durante el gobierno de Allende.

Ante esta situación, la URSS, que había roto relaciones diplomáticas con Chile el 22 de septiembre de ese año, exigió jugar en una cancha neutral. Una comitiva de la FIFA viajó a Santiago para evaluar la situación. El vicepresidente de la federación Abilio D’Almeida, brasileño, y el secretario general Helmuth Kaeser, suizo se hicieron presentes el 24 de octubre para inspeccionar el Estadio Nacional de Santiago donde permanecían aún unos 7 mil detenidos. Finalmente, los emisarios ofrecieron una conferencia de prensa con el ministro de Defensa, almirante Patricio Carvajal: “El informe que elevaremos a nuestras autoridades será el reflejo de lo que vimos: tranquilidad total”. El emisario brasileño se permitió aconsejar a los militares golpistas: “No se inquieten por la campaña periodística internacional contra Chile. A Brasil le sucedió lo mismo, pronto va a pasar”. La FIFA había dado vía libre.

La federación de fútbol de la URSS respondió con un comunicado donde afirmaban que  “por consideraciones morales los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los patriotas chilenos (…) La Unión Soviética hace una resuelta protesta y declara que en las actuales condiciones, cuando la FIFA, obrando contra los dictados del sentido común, permite que los reaccionarios chilenos le lleven de la mano, tiene que negarse a participar en el partido de eliminación en suelo chileno y responsabiliza por el hecho a la administración de la FIFA”.

Los jugadores chilenos supieron la noticia la noche anterior al partido, pero el 21 de noviembre tuvieron que presentarse a jugar. El delantero Leonardo Véliz contó muchos años después que “fue escalofriante. Creo que aún había rastros de lo que había acontecido en los vestuarios y fue algo muy difícil de asumir”.

A la hora señalada, el equipo local salió a la cancha, el árbitro también. Ante 18 mil espectadores sacaron del medio y dando pases llegaron hasta el arco contrario. Nadie se había interpuesto en su camino, no había equipo rival. Francisco Valdés, sobre la línea empujó la pelota adentro del arco ante los flashes de los fotógrafos. El partido terminó y Chile se había clasificado al mundial de Alemania 1974 en uno de los días más tristes de la historia del fútbol.

Santiago Mayor – @SantiMayor

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