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La revolución de las mujeres

La revolución de las mujeres
octubre 20
00:01 2016

Por Julia de Titto. ¿Cómo es que el feminismo consigue articular lo que ningún otro sector del pueblo organizado logra? ¿Qué motivos explican la masividad y radicalidad actual de un movimiento tan heterogéneo como efectivo?

El paro de mujeres convocado este miércoles ya se había constituido en el hecho político destacado del mes, incluso antes de llevarse a cabo. Craneado en el masivo Encuentro Nacional de Mujeres que se llevó a cabo en Rosario hace diez días, e impulsado por un colectivo que, apenas surgido hace un año y medio, se consolidó como un actor indiscutido del histórico movimiento de mujeres argentino, el impacto generado en la sociedad argentina es de una magnitud inconmensurable.

Pero, ¿por qué?, ¿cómo? Se pueden plantear algunas variables para analizar el fenómeno.

1- Una nueva generación de mujeres

Las feministas de entonces ya no son las mismas. Vivieron el 2001 y desde entonces el movimiento de mujeres ha dado un salto cualitativo -sin dudas-, pero sobre todo cuantitativo. Los Encuentros Nacionales de Mujeres tuvieron un crecimiento exponencial en los últimos 15 años. En La Plata en 2001, con la primera irrupción del movimiento piquetero, se juntaron 15 mil mujeres, dos años después en Rosario el número llegó a 30 mil. Este año participaron más de 70 mil.

En Argentina, luego de la crisis del neoliberalismo se abrió una etapa de conquista de derechos donde el movimiento de mujeres y LGBT tuvo una activa participación. El matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, la Educación Sexual Integral, la tipificación penal del femicidio, fueron algunas de las victorias. El derecho al aborto legal, seguro y gratuito, la gran deuda.

Sin embargo tanto los triunfos como lo que falta, fueron progresivamente nucleando y organizando a más y más personas. Además de tocar al Estado, el feminismo golpeó las puertas de muchas organizaciones políticas, sociales, gremiales y de derechos humanos. Involucró a profesionales del derecho, la medicina, el trabajo social, la psicología y el periodismo.

La transversalidad de la violencia de género (que no discrimina clases sociales ni territorios) llevó a que la lucha feminista de una u otra forma intente alcanzar a todos y cada uno de los sectores sociales.

Toda una generación creció y se formó en esta nueva realidad. Miles, millones de mujeres comenzaron a cuestionar la violencia simbólica, económica, verbal, física. A luchar por erradicarla. Y convocaron a otras y también a otros (aunque estos todavía se resistan) a esa lucha.

2- Feminismo sí, Macri No

Por un lado, la falta de autonomía económica combinada con la ausencia o escasez de acompañamiento estatal es uno de los factores principales que dificulta la ruptura de relaciones violentas. ¿Cómo irse de un hogar compartido si no se tienen recursos suficientes para pagar un alquiler o pensión?

El desempleo es mayor en las mujeres que en los varones (10,5% contra 9,3%) y, ante la crisis económica son las primeras en ser despedidas. Los trabajos que ocupan las mujeres son más precarios y ganan un 27,2% menos que los varones por las mismas labores. En algunas provincias argentinas la diferencia salarial llega hasta el 65%.

No es casual que en este contexto las mujeres sientan mayor necesidad de movilizarse y organizarse. Basta con recordar la década del ‘90, los comedores y movimientos piqueteros para reflexionar sobre cómo las mujeres son las primeras en salir a buscar “cómo parar la olla”. Es que, además, realizan el 76% del trabajo doméstico (no remunerado), por ende son mayoritariamente quienes -entre otras cosas- comparan precios y viven la reducción del poder adquisitivo en cada compra cotidiana.

Esto se suma a que el actual jefe de Estado ha defendido públicamente el acoso callejero (“a todas las mujeres les gusta que le digan piropos”) y tiene un plan de gobierno que no sólo afecta económicamente a las mujeres sino que avanza contra derechos conquistados y políticas públicas consideradas conquistas.

3- Ni Una Menos

Periodistas y comunicadoras lanzaron, en 2015, el colectivo llamado Ni Una Menos, al calor del hartazgo por “contar femicidios” y mientras organizaban la movilización que llevó el mismo nombre. Ese 3 de junio se convirtió en un punto de no retorno para el movimiento.

Centenares de miles sacudieron la agenda política, a meses de las elecciones presidenciales y en un contexto de polarización creciente. Quienes fundaron la agrupación (que juega a fundirse con el movimiento constantemente) quizás no eran del todo conscientes del rol que les tocaría jugar: de analizar la violencia de género pasaron a ser protagonistas.

Tal vez por no provenir de ninguna organización política tradicional -aunque ninguna de ellas oculta su ideología y posicionamientos sobre la coyuntura- fueron capaces de articular esa diversidad enorme que es el feminismo argentino. Consiguieron, a la vez, interpelar, con un discurso simple pero profundo y efectivo a amplios sectores del pueblo argentino, especialmente de mujeres.

Ni Una Menos convocó hace una semana a organizaciones y sindicatos. Se reunió con la CGT y las dos CTA. El papel que adquirieron se atreve a cuestionar con firmeza a todos los poderes fácticos y democráticos.

Quizás su origen como comunicadoras, que se reconocen feministas, haya influido en potenciar y afinar su mensaje.

4- Por supuesto, la historia

Así como Florencia Alcaraz, del colectivo Ni Una Menos, decía que a esa movilización “no la parió tuiter”, tampoco el paro de mujeres de este miércoles se explica sin la historia feminista. Las mujeres argentinas conquistaron el voto, el divorcio, y fueron parte de las luchas populares de estos doscientos años.

La historia de las mujeres, esa negada y ninguneada por los manuales escolares y relatos oficiales, se hace presente precisamente a través de ellas mismas. Décadas y décadas haciendo genealogías, mirando a otros países, conociendo referentas y formándonos. De aquellos talleres de autoconciencia a los Encuentros Nacionales de Mujeres, los espacios se fueron multiplicando y ampliando.

La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, por ejemplo, fundada en 2005, atravesó la década de gobiernos kirchneristas en unidad -no exenta de tensiones-, pero dio sobradas muestras de potencialidad y capacidad de articulación.

He ahí la fuerza del feminismo y el movimiento de mujeres. Sin duda otros debates políticos e incluso discusiones tácticas y estratégicas propias se cuelan en cada uno de los espacios de encuentro, pero hay diagnósticos en común -e identificación de responsabilidades- que sirven de base fundante de la unidad. Incluso, se puede arriesgar, que las propuestas tienen mayor comunión que en cualquier otro sector del pueblo organizado.

Por otro lado, cada mujer lleva su propia historia al hombro. Cada hecho de violencia sufrido marca y fortalece al encontrarse con otras, tan distintas pero tan parecidas.

Las mujeres organizaron el primer paro nacional al gobierno de Mauricio Macri. La irrupción en la agenda pública de problemáticas como la violencia de género, en sus múltiples formas y expresiones, ya no tiene vuelta atrás. Y el movimiento de mujeres es muy consciente de ello. Vendrán días, semanas, de muchas discusiones de cómo seguir.

Lo que es cierto es que esto recién empieza. La voz de las que muchos quisieran sin voz se hace oír, cada vez más fuerte. Y lejos de una protesta simple y superficial, cuestiona profundamente la organización de la sociedad actual y plantea revolucionarla.

@julitadt

Foto: Lucía De la Torre

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