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Isabel Larguía: una feminista de trabajo invisible

Isabel Larguía: una feminista de trabajo invisible
diciembre 28
01:10 2016

La ensayista e investigadora Mabel Bellucci contó a “Graves y Agudas” (Radio Sur) el trabajo que viene desarrollando junto con Emmanuel Theumer sobre la teórica feminista Isabel Larguía, que se dedicó en las décadas de 1960 y 1970 a indagar sobre el trabajo doméstico.

“Hacia una ciencia de la liberación de la mujer” se llama el texto principal que escribió Isabel Larguía junto con John Dumoulin. Desde el marxismo, desarrolló su teoría sobre el trabajo doméstico no remunerado y acuñó la expresión “trabajo invisible” para referirse a él.

Se trata de una de las primeras teóricas feministas de América Latina entre los años 60 y 70 y que prácticamente es desconocida. Según contó Mabel Bellucci a Radio Sur, Larguía nació en Rosario, estudió historia en la Universidad Nacional del Litoral y en los años 50 se fue a Francia. Luego, con la Revolución Cubana, se fue a vivir a Cuba donde vivió tres décadas. De acuerdo a Bellucci, esta teórica “se anticipa inclusive al feminismo teórico italiano que después vamos a encontrar sus resultados en Silvia Federici. Es un personaje sumamente interesante desde donde la mires”.

Su trabajo se publicó primero en la revista de izquierda Partisan en Francia en 1970, bajo el título “La mujer”, “en un número muy interesante que anticipa el feminismo de los 70 en ese país”, dijo Bellucci. Después apareció en Cuba en la revista Nuestra América y fue reeditado en la Argentina por Mirta Henault como capítulo de un libro llamado “Las mujeres dicen basta”. Luego fue publicado en distintos lugares del mundo como Nueva York, México, Brasil, Venezuela.

La entrevistada aseguró que esta cientista formada en el marxismo “sigue siendo alguien invisible no solamente para las teóricas feministas no solamente argentinas sino latinoamericanas”.

“Estamos investigando hace más de un año. Tratando de indagar sobre todo qué sucedió en los 30 años que estuvo en Cuba”, contó Bellucci quien sumó que en 1987 Larguía volvió a la Argentina y se instaló en Buenos Aires donde ingresó a trabajar en la Subsecretaría de la Mujer, que estaba a cargo de Zita Montes de Oca. Después se dedicó al activismo, “no tanto en el feminismo, sino con los movimientos que se fueron armando a lo largo del alfonsinismo contra los levantamientos carapintadas”.

Con excepción de una cientista social, Elizabeth Jelin, no existe bibliografía sobre la autora y los investigadores aún no lograron encontrar originales de la publicación cubana ni terminar de reconstruir sus años allí.

Sobre sus influencias teóricas, Bellucci contextualizó con los debates que muchas mujeres provenientes de las izquierdas daban en la década del 70: “Había como una gran división: por un lado el trabajo asalariado y el no asalariado que es el trabajo doméstico y su participación en los sindicatos. El otro gran tema es el de las sexualidades. En esos campos van a investigar y activar nuestras antecesoras tanto en los países del norte como en los nuestros”.

Además, sostuvo que Larguía “pertenecía a la corriente del feminismo materialista. Aquel que ve la dominación de género como una lucha entre los géneros. Es decir, las mujeres como una clase social”.

La teórica feminista murió en 1996 en la Argentina.

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