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En pleno año electoral, el peronismo busca a su nuevo líder

En pleno año electoral, el peronismo busca a su nuevo líder
enero 04
19:40 2017

Por Federico Dalponte. Los brazos abiertos son lo de la intendenta matancera Verónica Magario; y la invitación es para Sergio Massa. El Partido Justicialista (PJ) de la Provincia de Buenos Aires es una maquinaria electoral capaz de ponerse a disposición de cualquiera -cualquiera que la sepa conducir-. En su momento fue Antonio Cafiero, pero después fue heredada por Eduardo Duhalde y también por Néstor Kirchner.

El santacruceño fue el último que logró manejarla a su antojo. Corría el año 2005 y el hombre que apenas había superado el 20% de los votos en 2003 ahora imponía condiciones. Y así lo hizo incluso hasta el 2015; mérito destacable si se tiene en cuenta que Kirchner había fallecido cinco años antes. Pero lo cierto es que Daniel Scioli, gobernador de la provincia y del peronismo desde 2007, recibió un poder prestado por su líder y mentor: cuando hace dos años tuvo que revalidarlo por sí mismo y sin arrastre, no logró alinear nunca al PJ bonaerense.

Porque sucede que el destino es ingrato. Los gobernadores de la provincia -incluso los peronistas- no se alzan con la presidencia. No pueden. La maldición parece infranqueable hasta ahora. Y parte de ello tiene una explicación racional: las dificultades propias de la gestión cotidiana esmerilan cualquier imagen y el salto a Nación se vuelve imposible. El sillón del gobernador en La Plata se parece bastante a una silla eléctrica.

Y aunque en el futuro habrá que ver si los medios logran salvar a María Eugenia Vidal de esta premisa, lo cierto es que al PJ bonaerense es mejor controlarlo como parte de un proyecto nacional. Dicho de otro modo: si Sergio Massa abraza su suerte presidencial al peronismo provincial, difícilmente pueda salir victorioso. Los intendentes y los legisladores de los tres órdenes sólo se alinean ante el poder central, y siempre que el postulante pueda asegurarles que llegará a la primera magistratura.

Diego Bossio, Aníbal Fernández, Fernando Espinoza, Patricio Mussi, Martín Insaurralde, Gabriel Mariotto, Fernando Navarro. La nómina de precandidatos para la gobernación por el PJ en 2015 era larguísima. Ninguno logró imponerse y conducir el proceso. Ni siquiera los aspirantes nacionales: Daniel Scioli y Florencio Randazzo no aseguraban la victoria y así la mitad de los dirigentes locales les fueron esquivos.

Se trata de tener olor a laurel y de infundir respeto. Las palabras de Verónica Magario son las de un peronismo que pide a gritos un candidato taquillero que los arrastre de nuevo al éxito. Y Sergio Massa es número puesto. Pero podría ser otro, desde Axel Kicillof hasta Juan Manuel Urtubey, aunque al día de hoy están lejos de hacer pie.

Párrafo aparte, claro, para Cristina Fernández de Kirchner. Su treintena de puntos como piso y techo son un factor dispersante para el peronismo. Si lo que atrae a los dirigentes del PJ es la posibilidad de ganar, más de uno procurará apostar al caballo más ligero y no al más entrenado.

Elecciones 2017: tiempo para experimentar

Si Sergio Massa procura disputarle a Mauricio Macri la presidencia en 2019, antes tendrá que salir bien parado de las elecciones legislativas. No necesariamente ganar en los distritos claves, pero sí consolidar al Frente Renovador (FR) como primera alternativa nacional.

En ese sentido se inscribe la propuesta de Magario. El PJ bonaerense, tan atravesado por esa idea difusa de lo que es el peronismo, buscará la mejor alternativa para su propia subsistencia. No se trata, como dice Graciela Camaño, de un desembarco del massismo en el PJ, sino al revés. Más allá de su estructura formal, es probable que el peronismo ortodoxo se vaya asociando, en silencio y por lo bajo, con el Frente Renovador. Así como antes hizo su mudanza desde el duhaldismo hacia el Frente para la Victoria (FpV).

El reacomodamiento de sus dirigentes los llevará a apostar así por una de sus dos versiones actuales: será sigla FpV para uno, FR para otros. Aunque hacia ambos lados serán varios los que apuesten sin embargo por la unidad. “Si vamos divididos, el gobierno va a ganar la elección”, señaló esta semana el senador Juan Manuel Abal Medina.

Aun así, nunca es fácil definir qué significa ganar cuando se trata de elecciones legislativas. ¿Retener las bancas en juego? ¿Aumentarlas? ¿Ganar en Provincia de Buenos Aires? Parece complejo. Pero lo cierto es que ello también sirve para experimentar: incluso presentándose como opciones separadas, la oposición peronista puede mantener el control del Congreso y ésa sería una evidente victoria, aunque Cambiemos alcance los 40 puntos a nivel nacional.

Todo eso está sobre la mesa: el impacto de una victoria en distritos claves, la conformación de determinadas alianzas, el sostenimiento del poder territorial. Pero como siempre, la gran apuesta será el posicionamiento de cara a las próximas presidenciales.

Sergio Massa ya experimentó el sabor amargo de la derrota en 2015 tras su gran elección en 2013 -y no querrá repetir errores-. Experimentará, seducirá a Margarita Stolbizer, abrirá las puertas para la importación de dirigentes peronistas, se tornará más flexible. O tal vez no. Quizás se encierre en su Frente Renovador e intente ganarle al gobierno y al peronismo kirchnerista con una sola bala. Difícil saberlo. Faltan muchos meses que en verdad parecen nada.

@fdalponte

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1 Comentario

  1. Mary
    Mary enero 05, 10:19

    no coincido con la nota porque sergio massa puede ser mas conocido pero no tiene la capacidad que tiene Urtubey, lo que hizo para posicionar a salta como destino turistico internacional prueba de que el tipo la tiene clara

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