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Año nuevo, ¿planes nuevos?

Año nuevo, ¿planes nuevos?
enero 05
23:50 2017

Por Martín Ogando. La política argentina no da respiro. Al balance del primer año de gobierno PRO se le encimó, sin solución de continuidad, la eyección de Prat-Gay y la discusión sobre el nuevo curso económico. ¿Dujovne viene a desplegar el ajuste fiscal, o se mantendrá en la senda de un gradualismo con matices?

Las malas nuevas

El año terminó para el gobierno con más claroscuros de los previstos. Los mentados “brotes verdes” terminaron marchitos y pisoteados. Hay que poner muchas ganas para descubrir algún indicio de recuperación. El consumo y la obra pública, lubricados por el endeudamiento externo, aparecen en los cálculos presupuestarios como los motores a los que se apuesta para una eventual despegue. Atrás quedaron los espejitos de colores ideológicos que el macrismo traficó en las polémicas con el anterior gobierno: el crecimiento por inversión vs. el crecimiento por consumo, insostenible y “populista”.

Sin embargo, en noviembre, el consumo masivo en supermercados volvió a caer más de un 7% por cuarto mes consecutivo, en tanto que el índice Construya tuvo una caída interanual del 20,2% y la producción de las Pymes industriales cayó un 6%. Una economía en recesión golpea indefectiblemente al gobierno de turno. En el caso de Macri, esto se ve acentuado por el sesgo nítidamente empresarial que amplios sectores de la población perciben en su gestión. Diciembre mostró los números más bajos de imagen positiva desde que el empresario llegó a la presidencia: 41%.

No todas fueron malas para Cambiemos a la hora del brindis. En la agenda legislativa logró un triunfo, al bajar el proyecto de Ganancias que había votado la oposición. El recinto parlamentario y las negociaciones con la CGT fueron los terrenos donde más a gusto se sintió el gobierno en este 2016. Sus adversarios, hay que decirlo, le regalaron favores varios.

Sin tregua

A pesar de las ayudas amigas el año cerró con turbulencias varias. Es que el gobierno no da tregua, pero tampoco la han dado las múltiples resistencias. Una de las más notables fue el conflicto suscitado por el recorte en CONICET, de la mano del ex-kirchnerista Lino Barañao. Lo que era imaginado en los despachos ministeriales como un conflicto menor, se convirtió en el principal dolor de cabeza oficialista en las vísperas del brindis navideño. Cinco días de ocupación del Ministerio de Ciencia y Tecnología generaron un movimiento que trascendió en mucho a los involucrados directos, rozando incluso a sectores de la base electoral macrista. El enorme prestigio social que mantiene la actividad científica pública fue un elemento decisivo para que el gobierno se viera obligado a ceder.

A un cierre agitado se le suma un inicio no menos conflictivo. La rebaja de ganancias comienza a ser rápidamente carcomida por nuevos tarifazos. En la administración pública se abre una nueva tanda de despidos, comenzando por el Ministerio de Educación, que el martes pasado se vió abrazado por miles de manifestantes. Si el gobierno no logra mostrar buenas noticias económicas en el corto plazo, el malestar social puede crecer peligrosamente.

Lo que los trabajadores pueden esperar de este gobierno parece claro. La propaganda anti-sindical oficial ya comienza a tener sus primeras concreciones. A la diatriba contra los convenios colectivos y la supuesta rigidez de las normas laborales, le siguió el nuevo proyecto de Régimen de Promoción del Primer Empleo y de la Formalización del Trabajo. Como si el tiempo no hubiera pasado, reaparece el viejo verso neoliberal: si se reduce el costo empresario vamos a tener más empleo y de mejor calidad. Que la misma fórmula se haya impuesto en los 90, con efectos absolutamente opuesto parece importar muy poco. La coherencia argumentativa no es un tema que desvele a la actual gestión.

¿Cambio de nombres o cambio de rumbo?

El despido de Alfonso Prat-Gay y al ascenso del columnista Nicolás Dujovne abrió incertidumbres y debates. A priori, los nombres indican distintas orientaciones. Aunque suene paradójico, el niño criado en la JP Morgan era sindicado como el ala heterodoxa y moderada del gabinete de ministros. Si se toman en cuenta los dichos previos, el flamante ministro se ubica algunos grados hacia la ortodoxia, y viene insistiendo en la importancia de achicar decididamente el déficit fiscal. ¿El recambio en el Ministerio supone un giro en la orientación económica? Todavía es pronto para decirlo.

Hay un elemento externo que refuerza la vocación fiscalista. Algo ha cambiado en el panorama internacional desde que el gobierno colocara todas sus fichas en la ruleta del endeudamiento y los mercados externos. El triunfo de Trump es sólo un episodio de un nuevo ciclo de proteccionismo económico en las grandes potencias. El crédito tiende a encarecerse y, luego del acuerdo entre los países productores, el barril de petróleo se proyecta en alza. Un déficit fiscal alto, como el que proyecta el presupuesto 2017, comienza a ser un problema en este contexto.

Dujovne sabe, sin embargo, que entre la prédica ortodoxa y la realidad, media la necesidad de ganar elecciones, la capacidad de presión de los actores corporativos y el posible malhumor social. Su alter ego, Carlos Pagni, dice que lo que se viene es reducción del déficit fiscal pero con gradualismo, siempre evitando un ajuste ortodoxo descarnado. La cuenta parece fácil: se congela el gasto público, la economía se recupera , y por lo tanto el déficit cae. Hasta allí todo mera expresión de deseo. Todo muy lindo y demasiado armónico para nuestra turbulenta realidad.

Todo o nada

Insistimos en esta columna en más de una ocasión: Macri necesita, como objetivo de corto plazo, ganar las elecciones de 2017 para que su proyecto siga con vida. La persistente recesión y las novedades ministeriales siembran dudas en este terreno. No hay antecedentes cercanos de un gobierno que haya ganado las elecciones en medio de un ajuste. ¿Cómo piensa saldar esa encrucijada el macrismo? La salida de Prat-Gray aporta un dato adicional. Macri saca a un hombre con peso propio y además sigue fragmentando las responsabilidades del gabinete económico. Esto puede resultar útil en el corto plazo, para resolver pequeñas rencillas de palacio y descabezar a posibles competidores, pero es un arma de doble filo.

Fragmentar las funciones y desplazar nombres propios también supone eliminar fusibles. Con la designación de Dujovne y la fragmentación completa de la gestión económica, Macri asume de lleno la responsabilidad por lo que ocurra en ese plano. Es jugar a todo o nada. Si las cosas funcionan cosechará los frutos, pero de lo contrario el descontento social chocará de frente contra el jefe del Ejecutivo, sin ministro de peso que pueda acolchonar el impacto.

Con estos interrogantes y sin respiro arranca el 2017. Los sectores populares poco y nada pueden esperar de este gobierno. Las organizaciones sociales y sindicales tiene frente a sí un desafío extraordinario. O logran forjar unidad de acción para empantanar los planes del gran capital o el panorama se les presenta oscuro. Para el gobierno las cosas tampoco aparecen sencillas. Los de abajo a la defensiva y los de arriba a la ofensiva, con las cartas echadas pero con final abierto. Nada está resuelto todavía, pero la política no es como el fútbol: los empates siempre se quiebran, para bien o para mal.

@MartinOgando

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