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Cambiemos: una elección imposible para controlar el Congreso

Cambiemos: una elección imposible para controlar el Congreso
enero 09
23:02 2017

Por Federico Dalponte. Ganar por un punto es ganar. El 2015 sirvió para demostrarlo. Pero tanto como para ganar, las elecciones sirven para posicionarse, para armar alianzas, para medirse. Eso lo hacen todos, aunque los gobiernos un poco más.

Cambiemos, en ese cálculo, procura este año sembrar candidatos en todas las provincias. Encomendó el reparto de la obra pública a Rogelio Frigerio y aspira a que otra vez, como sucedió en las presidenciales, el radicalismo aporte su estructura.

Pero nunca es suficiente. Ganar las elecciones en año legislativo no es tan cristalino. El Frente para la Victoria (FpV), por ejemplo, fue el partido que más votos cosechó en 2009, pero las derrotas en lugares simbólicos como Buenos Aires y Santa Cruz proyectaron la imagen de un revés indiscutido.

Del otro lado, naturalmente, la sumatoria de las oposiciones suele ser más fácil. En 2013, por caso, si bien el Frente Renovador se alzó con la victoria en la provincia de Buenos Aires, su veintena de bancas no representaban ni el 10% del total de la Cámara. Aun así, Sergio Massa estuvo dos años jactándose de que su triunfo había impedido la reelección de Cristina Kirchner vía reforma constitucional.

Y es obvio que no era cierto. Pero poco importa. El peso de triunfar en el distrito más importante del país proyecta esa imagen laureada. Sucede lo mismo con quien gana en la Capital Federal, o en Córdoba, o en Santa Fe. Aquel año el PRO se impuso entre los porteños, el peronismo opositor entre los cordobeses y los socialistas entre los santafesinos. Cada uno se creyó ganador, pero en el escenario nacional el oficialismo kirchnerista siguió siendo mayoría. Las lecturas suelen ser múltiples.

Como sea, hoy Cambiemos está en la misma encrucijada. Su bloque en la Cámara Baja es de unos 87 diputados sobre 257; en el Senado, apenas 15 sobre 72. Cualquier cálculo más o menos modesto indicaría que, si mantiene su base de 35 puntos obtenidos en octubre de 2015, aumentaría su peso en el Congreso.

Todo parece fácil, al alcance de la mano. Incluso es probable que el gobierno se lleve también los triunfos simbólicos propios de los grandes centros urbanos: casi con seguridad, Mendoza, Buenos Aires y la Capital Federal, y con enormes posibilidades en Santa Fe y Córdoba. Sin mencionar los casos de Jujuy y Corrientes, donde ya gobierna.

Si eso se confirma, el oficialismo conseguiría así su doble victoria: el incremento de su poder legislativo y la conquista simbólica, que naturalmente los grandes medios se ocuparán de explicitar a su tiempo.

Pero con todo, quedará sin embargo ese último cálculo, tan íntimo, tan de puertas adentro, para saber si podrá o no –en sus últimos dos años– imponer las leyes que pretende. Si llegará, en definitiva, al quórum propio en ambas Cámaras.

En el Senado

Como en cada término, ocho provincias elegirán senadores nacionales. Este año serán Buenos Aires, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, San Juan, San Luis y Santa Cruz. Dos tercios de los 24 senadores cuyo mandato se vence en diciembre corresponden al Frente para la Victoria, fruto de su histórica elección en 2011. Del resto, cuatro son del peronismo no kirchnerista, tres de la UCR y uno del GEN.

Cambiemos tiene poco para perder y bastante para ganar. Si repite el desempeño que tuvieron en 2015 sus candidatos locales, podría conseguir una decena de escaños. La clave para ello será mantener los primeros puestos obtenidos por María Eugenia Vidal en Buenos Aires (39%), Gerardo Morales en Jujuy (58%) y Eduardo Costa en Santa Cruz (41%) –con su gobernación perdida por la ley de lemas–. Y al mismo tiempo, retener los segundos puestos de Luis Naidenoff en Formosa (26%), Julio Martínez en La Rioja (39%), José Luis Ricardo en San Luis (29%) y Alex Ziegler y Gustavo González en Misiones (juntos, el 23%).

En San Juan, por su parte, Cambiemos no hace pie. Perdió la gobernación –tercero cómodo– y repitió derrotas tanto en la primera como en la segunda vuelta. Pero aun así, compensando en las demás provincias, podría superar la veintena de bancas en el Senado. Ésa es la gran apuesta.

Sea como sea, lo cierto es que no controlará la Cámara Alta. Ni siquiera ganando en todos los distritos. La bancada más populosa, si no se rompe, seguirá siendo la del Frente para la Victoria. De allí saldrá el interlocutor con quien deberá negociar el gobierno el próximo bienio. Miguel Ángel Pichetto tiene mandato hasta el 2019. Pero habrá que ver si retiene la presidencia del bloque.

En Diputados

El escenario en la Cámara Baja es notoriamente más complejo. Los legisladores que dejan su banca provienen de la convulsionada elección de 2013. Allí Sergio Massa había apostado a una ingeniería casera que incluía, además, espacio para candidatos del PRO. En la ciudad de Buenos Aires, mientras tanto, la experiencia de UNEN fue tan exitosa como efímera. Sin contar, claro, con las rupturas y migraciones acaecidas luego del 10 de diciembre de 2015, con Diego Bossio como emblema y figura.

Sea como sea, el Frente para la Victoria lleva las de perder. No sólo pone en juego prácticamente la mitad de sus bancas, sino que dejará de contar con el vital apoyo del Ejecutivo Nacional. Este año, tal vez como nunca antes, todo dependerá de los liderazgos locales.

Cuenta a su favor con la mitad de los gobernadores, es cierto, pero necesitará que allí, en esas provincias, se obtengan al menos entre 15 y 20 diputaciones. El resto dependerá del desempeño que puedan tener sus candidatos en Córdoba, Santa Fe, ciudad de Buenos Aires y la provincia homónima, donde conseguir una decena de las 35 bancas en juego sería un resultado aceptable en términos estratégicos.

Si así fuera, si el kirchnerismo lograra atenuar lo que muy probablemente sea una caída de su peso legislativo, le serviría aun así a la oposición pensada como conjunto. En un hipotético esquema en el que el FpV se acomodara entre las 75 y las 85 bancas totales, el desempeño electoral del Frente Renovador será central para definir la suerte de Cambiemos.

Al partido de Sergio Massa le será difícil repetir los guarismos de 2013 en la provincia de Buenos Aires, cuando sacó más del 40% de los votos. Máxime si se piensa que medió aquella vez mucho componente antikirchnerista. En cualquier caso, son 13 los diputados propios que tienen mandato hasta 2019. Desde esa base, le será buen negocio conseguir al menos 8 bancas bonaerenses y 3 cordobesas, donde el delasotismo continúa gravitando.

A ellos, para reforzar a la oposición, se sumarán a su vez una decena de legisladores del Bloque Justicialista –Diego Bossio y 8 más continuarán hasta 2019– y una incierta veintena de voces no alineadas automáticamente con el gobierno –por lo general, provenientes del margen izquierdo–.

Suficiente para dejar sin quórum al oficialismo, que pondrá unas 40 bancas en juego y deberá arrasar en todos los distritos para imponerse en su último bienio. En rigor, necesitará hacer una elección mejor que la del FpV en 2011, cuando obtuvo más de 80 escaños. Difícil tarea.

@fdalponte

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