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Setentismo y compromiso en las carteleras del cine argentino

Setentismo y compromiso en las carteleras del cine argentino
enero 09
23:03 2017

El primer día hábil del 2017 se anunciaron en las puertas del Gaumont dos películas sobre la última dictadura cívico-militar: Operación México, de Bechini y La larga noche de Francisco Sanctis, de Testa/Marquez. Ambas basadas en novelas, invitan a la comparación porque además de tematizar la misma época son dramas que experimentan con el suspenso y abordan los dilemas propios del compromiso.

Operación México

Esta película combina dinámicamente escenas de acción con otras dramáticas, respaldadas por una musicalización que le imprime ritmo. A fuerza de inquietas cámaras y actuaciones envolventes nos involucra en la trama interpelándonos a pensarnos en nuestro presente de “realismo capitalista” (para recuperar la expresión de Mark Fisher). Salir de ver Operación México es como terminar de leer La Voluntad de Anguita/Caparros: un traumático cambio de clima.

Tucho (Luciano Cáceres) es el protagonista de la historia, alto mando Montonero, es capturado un 2 de enero de 1978 y enviado a la Quinta de Funes, en Rosario, donde compañeros suyos colaboran con los militares. Allí es enviada también su mujer embarazada.

Una vez detenido es tentado por un persuasivo Galtieri que en un jugoso diálogo en el que comparten perspectivas respecto al nacionalismo y la coyuntura actual, le propone colaborar para descabezar a Montoneros y así “parar con la muerte”. El plan propuesto implica para Tucho la posibilidad de plantear algunas condiciones y salvar a los suyos descabezando a la Orga. Es la opción que alientan los “quebrados”: ya perdimos, ahora sólo resta salvarnos y salvar a los que quedan. Ante esto es que el protagonista y su mujer se rebelan.

Rodeados de esos compañeros que colaboraban -con la excepción de Jaime Dri (Luis Ziembrowski)-, recurre a su compañera para reforzar una decisión ya tomada: utilizar la propuesta de Galtieri para denunciar a la dictadura desde México. En esa firme decisión se montan el resto de los sucesos que invitan a reflexionar —evitando las moralejas porque nuestra historia no es un cuento fácil— sobre la verticalidad de aquella organización —visible en el juicio a Tucho—, la nunca más olvidable primacía de la política que hoy y para siempre enriquece la práctica de cualquier militante político, en la efectividad de nuestras acciones y en el tamaño casi impensable de aquella derrota.

La larga noche

Francisco Sanctis es un hombre “común” como lo atestigua su casa, su ropa, su familia y su rutina. Es la última dictadura cívico-militar desde otro ángulo: el protagonista es alguien que parece ajeno al drama pese a un pasado que explica el puntapié de la historia.

Como dice Cintya Sabat: “La dictadura no necesita material de archivo para hacerse presente, porque la opresión se hace carne”. Es la realización cinematográfica de cómo vivieron esa época los sectores medios que no se involucraron en política ni formaban parte de grupos de poder. Algo que trabaja Sebastián Carassai en su libro Los años setenta de la gente común y fue la búsqueda de los autores a partir de la lectura de la novela de Constantini. Dicho perfil aparece además en ese rostro cascado y aguantador, de primerísimos planos, que Diego Velásquez anima y relata en su poema de juventud: “Despierta compañera / Y si el temor te paraliza / piensa en la sonrisa del obrero en rebeldía”.

Una vieja conocida lo contacta con la excusa de un poema que escribió. Un auto verde se asoma sugestivamente: el encuentro con Elena es la vuelta de un pasado en un momento poco apropiado. Allí sabrá que no importa el poema, que esa noche secuestrarán a dos personas y Francisco es el único que puede hacer algo. La larga noche comenzó.

A partir de allí la película recrea climas de suspenso que van en escalada. Francisco vuelve a su casa, sus zapatos caminan hacia todos los rincones de la noche. Suenan los pasos. El protagonista busca descargar el peso de ese compromiso en Lucho, un joven militante que persigue hasta el cine en el que este espera una cita. Se proyecta una de Olmedo y Porcel. La risa de fondo, el llanto en primer plano y el drama que envuelve ahora a los dos. No hay caso.

Francisco llama a su mujer para excusarse de que la noche se le alarga y es él el que lo elige. Va detrás de una duda que en el pool con Peruggia, su amigo y cómplice de sus “locuras” juveniles, comienza a tornarse certeza: allí se sabe que ambos abandonaron —no pudieron, no supieron— el tren del compromiso. Peruggia se desmarca: “Ellos armaron este quilombo ahora que lo resuelvan”. El protagonista sale del pool buscando la dirección de los sentenciados que él puede salvar: pregunta a un hombre sombrío que no le dice nada: ¿sabe cómo hago para llegar del otro lado? Para estas alturas Francisco ya es otro.

Puntos comunes

Dos protagonistas varones encarnan la centralidad del relato. Ambos dialogan con sus esposas quienes parecen reforzar su lugar de procedencia: uno es un militante orgánico de Montoneros, patria o muerte, y el otro un laburante de un mayorista que espera hace tiempo su ascenso. En el caso de Tucho habrá complicidad con su mujer en hacer lo que tiene que hacer. En el caso de Francisco no: la llama y se excusa con tonterías para hacer lo que tiene que hacer.

Respecto de los deberes: Tucho Valenzuela encuentra en su compañera el amor y eso en su vida se revela como una rareza: para él todo eran los compañeros, la militancia… Por eso su elección -y el heroico despojo de su compañera- reviste el drama del que trata la película. El pacto de amor se cumple. Francisco en cambio se reparte entre su familia y el trabajo mirando desde afuera, ignorando las “cosas raras” que pasan. Por eso su larga noche es el comienzo inconcluso de algo.

El asesinato de un dirigente setentista y el despertar de un hombre común a principios de 2017. Es un final parcial que se viene revirtiendo hace décadas: todavía se busca a uno de los mellizos hijos del Tucho y los otros chicos fueron encontrados por la búsqueda de las Abuelas de Plaza de Mayo y otros Organismos de Derechos Humanos.

Abordar de distintas maneras el compromiso es una forma de enriquecer las formas de mirar nuestra historia en un 2017 que comenzó difícil. Sobre estas buenas historias nosotros, actores de reparto o protagonistas según se mire o según se quiera.

Nicolás Perrupato

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