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México y EEUU: la política, la sangre y las encuestas (II)

México y EEUU: la política, la sangre y las encuestas (II)
febrero 27
21:08 2017

Por Facundo Cruz, desde México DF. Enrique Peña Nieto no logra capitalizar la agresividad de Donald Trump en un cerrado apoyo al gobierno mexicano. El gobierno mexicano siente el impacto de la movilización interior y el contexto internacional desfavorable. Postergan los aumentos y la liberalización del combustible. La defensa de la vida y la soberanía de México y su pueblo se juega en los dos lados la frontera. Se prefigura un movimiento binacional.

La política sin sangre que mira las encuestas

Mientras los pueblos se juegan la vida en las rutas y calles del país, los gobiernos se las juegan en las redes sociales y encuestas. Donald Trump y Enrique Peña Nieto, uno en ofensiva permanente y el otro cada vez más acorralado, son buenos ejemplos de la política como rating y trending topic.

El presidente mexicano parece haber perdido toda iniciativa y solo reacciona ante las obviedades de la comunicación política. La liberalización de los precios de la gasolina se posterga cada semana por el incontestable y furibundo rechazo social. El 3 de febrero, las gasolinas debían aumentar un 8%, mientras que el sábado 18 era la fecha clave a partir de la cual las inefables fuerzas del mercado regirían día a día el precio del combustible, según sus ecuaciones de complejidad inescrutable y justicia incuestionable. No sucedió ninguna de las dos cosas.

El 18 de febrero, el precio de la gasolina bajó dos centavos por decisión del ejecutivo que, de manera contradictoria, perpetúa sus poderes de intervención en la economía. La realidad es que el gobierno nacional se encuentra acorralado por la movilización social y un desprestigio inédito del presidente según las encuestas.

Sin embargo, la excusa para postergar los aumentos es la gesta de unidad nacional ante el ataque de Donald Trump contra México y los mexicanos. En esto, los intereses del ejecutivo norteamericano y del mexicano son solidarios entre sí. Si México es el gran chivo expiatorio en torno al cual la comunicación política de Trump piensa galvanizar su respaldo político, Donald Trump es la esperanza de Peña Nieto para ponerse a la cabeza del país de alguna manera.

El domingo 12 de febrero, múltiples personalidades de la derecha mexicana con un fuerte respaldo mediático convocaron a la marcha Vibra México para expresar el rechazo de la población al gobierno de Trump. El Ejecutivo complementó la convocatoria con un insistente énfasis en la unidad nacional. El fracaso fue estridente, por su convocatoria y sus repercusiones. Con el respaldo de los principales medios de comunicación, no asistieron más de 20 mil personas en la Ciudad de México, un número mínimo al lado de lo que convocan los movimientos en contra del gasolinazo en estados menos poblados. Además, fueron muchos los ciudadanos que aprovecharon la jornada para sumar su repudio al gobierno de Enrique Peña Nieto. De manera que, el hecho que debía significar la unificación nacional tras su gobierno ante una injerencia externa, dejando en el olvido la conflictividad por el gasolinazo, fue percibido como un fracasado intento de apoyo a la figura presidencial.

El canciller mexicano, Luis Videgaray, declaró que en el mes de junio se iniciarían las negociaciones con Estados Unidos por el tratado de libre comercio (TLCAN o NAFTA, en inglés). El anuncio se realiza luego de que Peña Nieto y Trump cancelaran el encuentro bilateral del 31 de enero vía twitter, en vivo y en directo para todo el planeta, por la polémica del muro fronterizo.

Desde entonces, el presidente estadounidense se entrevistó con su par canadiense y solo ha profundizado la persecución de los migrantes mexicanos residentes en su país. A la orden ejecutiva del 25 de enero para la construcción del muro, se suman las medidas que disponen redadas y deportaciones. Según el semanario Proceso, dichas disposiciones se complementan con la contratación de 15 mil agentes de policía para el control de los migrantes. Además, entre las medidas firmadas por el secretario de seguridad, John Kelly, se profundiza la criminalización de la población de nacionalidad extranjera radicada en el país a través de la disposición que estipula penas de reclusión para los padres residentes en Estados Unidos que ingresen a sus hijos de manera ilegal. La comunicación política del presidente de Donald Trump tiene su piedra angular en la política antimigratoria y cada día da pruebas de no escatimar esfuerzos en consolidar ese aspecto de su gobierno.

A pesar de la agresividad de la administración norteamericana, las resistencias en territorio estadounidense también son airadas. A la histórica marcha de la mujeres del 21 de enero, que convocó a millones de personas en todo el país, le sucedieron cientos de manifestaciones más o menos concurridas que impugnan y rechazan al gobierno republicano en su conjunto. Sin embargo, la novedad de los últimos días fue el paro de migrantes del 16 de febrero, que obtuvo acatamiento de muchas personas en las principales ciudades de Estados Unidos. Según el periódico La Jornada, las movilizaciones acompañaron al cierre de negocios y el ausentismo en lugares de trabajo y estudio. Un nuevo paro se espera para el 1 de mayo. La movilización social en territorio estadounidense es coincidente con la movilización en México y se multiplican los puentes y las relaciones en un movimiento que se prefigura binacional.

Nadie se asombra de vivir en una época donde 140 caracteres del multimillonario Donald Trump en Washington DC son más fácilmente comunicados que el balazo que le parte el cuerpo al jóven Fredy Cruz García en Ixmiquilpan. Aunque la indignación y la tristeza se multipliquen, nadie se asombra de este mundo injusto en el que hace décadas estamos acostumbrados a vivir.

La novedad de nuestra época está en el edificio crujiente del neoliberalismo que se sacude ante el desengaño y la decisión de los pueblos. El sueño neoliberal de la integración en el mercado común, mira con un espanto fascista la realidad de una Norteamérica integrada por el trabajo y la lucha. La comunicación política de los poderosos tiene una respuesta en la movilización política de los humildes. Como siempre, en la historia, el resultado no está decidido, pero es imposible no entusiasmarse con la destitución de la quietud y la resignación.

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