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Un Oscar que fue caótico cuando quiso ser político

Un Oscar que fue caótico cuando quiso ser político
febrero 27
17:18 2017

Apenas 34,3 millones de personas siguieron la gala de la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood en el mítico teatro Dolby de Los Ángeles. Esos números marcan la menor audiencia desde 2008 (la máxima fue en el 2000, con más de 46 millones de televidentes). TNT pasó en todas las tandas la propaganda de El Comandante, la nefasta serie sobre Hugo Chávez. Olor a azufre en la transmisión.

A pesar de que se esperaba una noche políticamente caliente por el contexto de agitación anti Trump que mueve a los Estados Unidos, realmente la ceremonia no entregó muchos momentos discursivamente radicales. Es Hollywood, está bien, no se puede esperar las Tesis de abril, pero lo cierto es que la mayoría de los que subieron al escenario ni tocaron el tema.

En contrapartida, el presidente Trump decidió hacer su propia fiesta con bailes y gobernadores para competir con la gala académica. Durante el baile, primer gran evento organizado por el magnate en la Casa Blanca, Trump eligió ignorar olímpicamente a un Dolby Theatre que lo tuvo constantemente presente.

Previsiblemente, el premio a la Mejor película extranjera fue para la iraní El viajante, cuyo director Asghar Farhadi había renunciado ser parte de la gala como protesta contra contra las medidas migratorias de Trump. Días atrás publicó una declaración conjunta con los otros directores nominados por mejor película en habla no inglesa denunciando la medida xenófoba. Para recibir el premio se leyó una carta en su nombre que explicó su ausencia “por la gente de mi país y de otras seis naciones, que no han sido tratados con respeto”.

Algunos de los pocos comentarios críticos estuvieron a cargo del conductor Jimmy Kimmel (el cómico llevó la ceremonia con gracia, incluso surfeando con elegancia el desastre del final) y de Gael García Bernal, quien al momento de presentar el premio a Mejor Edición cargó contra el muro que se propone en la frontera con México: “Como mexicano y latinoamericano, como trabajador migrante, me opongo a cualquier tipo de muralla que trate de separarnos”.

Kimmel, además de trollear en vivo a Trump por Twitter, se la pasó ironizando al respecto. En un momento destacó que la ceremonia se televisa a 225 países “que ahora nos odian”, en otro le agradeció al presidente por su influencia positiva en la gala “que hace apenas un año había sido acusada de racista” y que esa noche exageró la corrección política y la atención al cupo “racial” en cada instancia. Su intervención más aplaudida fue cuando presentó a la “sobrevalorada” Meryl Streep, recordando las descalificaciones del republicano luego de la vehemente crítica de la actriz al recibir el premio a la trayectoria en los recientes Globos de Oro. Primera ovación de pie de la noche para Streep, que además celebraba su nominación número 20.

En una red carpet inundada de emergencias fashionistas uno de los pocos que tomó la posta política fue el infalible Viggo Mortensen, quien explicó en impecable argentino que en EE.UU. hay 50 millones de personas que hablan español como primera lengua: “Es el país en el que más se habla español después de México, pero el presidente actual parece que no sabe eso”.

Los números musicales fueron el embole de siempre, destacándose apenas la apertura con Justin Timberlake. Lo de Sting y su guitarrita con iluminación intimista fue bastante deprimente. La canción de Moana tuvo de fondo un revoleo incomprensible de sábanas. En fin, alguien debería averiguar cómo puede ser que con semejante presupuesto se reiteren números tan malos. Tema para Stolbizer.

La La Land, que entraba como la estrellita de la noche con un récord de 14 nominaciones, sólo igualado por Titanic y Eva al desnudo, finalmente se llevó solo seis premios: director (Damien Chazelle, de 32 años, el más joven en obtenerlo), actriz (Emma Stone), fotografía, diseño de producción, banda sonora y mejor canción (Ciudad de estrellas, una de las dos nominadas que tenía su banda sonora).

Casey Affleck ganó como Mejor actor por su rol en Manchester by the sea (que también se llevó el premio a Mejor guión original) y Viola Davis, que era número puesto como Mejor actriz de reparto por Fences, se mandó un discurso exageradamente emotivo. Mahershala Alí ganó como actor de reparto por su actuación en Moonlight (el film también ganó por Mejor guión adaptado). Hasta el último hombre, el regreso de Mel Gibson como director, se llevó dos premios menores (Mejor montaje y Mejor mezcla de sonido) porque a la Academia le encantan las historias de redención. Welcome back, Mel.

Los premios a la animación este año apostaron por lo tradicional en vez de por algo un poco más vanguardista. Así ganaron las impecables Zootrópolis (Zootopia) en largometraje y Piper en corto. En documentales ganaron el corto The White helmets (uno de los tres que abordaba el tema de la guerra en Siria) y O.J.: Made in America, sobre el polémico caso del ex jugador de fútbol americano (tres de los cinco nominados eran sobre conflictos raciales). El mejor corto de ficción fue Sing.

El escándalo del final, con Warren Beatty recibiendo el sobre duplicado de Mejor Actriz en vez del correspondiente a Mejor Película, abatatándose como un quinceañero y tirando a su histórica compañera de correrías abajo del tren para que lea a los ganadores equivocados ante millones de espectadores seguirá replicándose en memes durante años. La culpa de los sobres traspapelados parece que fue de los ejecutivos de la auditora Pricewaterhouse Coopers (PwC), pero lo cierto es que nadie supo apretar el botón de emergencia a tiempo.

En un final fallido al estilo Bailando por un sueño, todo el elenco de La La Land subió al escenario y se sucedieron varios discursos de agradecimiento mientras atrás se veían movimientos extraños y Warren Beatty iba y venía con cara de preocupación, hasta que no quedó más remedio que hacer bajar a los falsos ganadores y subir a los de Moonlight, que no lo podían creer. Fue un premio mucho más lógico en una noche caracterizada por la previsibilidad. Más allá del presunto mensaje político, el papelón organizativo se debe haber festejado en la Casa Blanca.

En el In Memoriam también se erró con la foto de una homenajeada, poniendo la imágen de una persona viva, que se indignó. El segmento cerró con la hermosa Carrie Fischer.

Un Oscar tomado por el caos organizativo cuando quería imaginarse como la trinchera bienpensante contra Trump. Aunque hubiera sido mucho más radical discursivamente de lo que fue, sólo se recordará el papelón del cierre.

Datos de color: es la primera vez que ganan más de tres afroamericanos en una misma ceremonia, por primera vez ganó un Oscar un musulmán (nuestro amigo Mahershala Alí, a quien conocemos de Luke Cage), le dieron un Oscar honorario a Jackie Chan para cubrir la cuota asiática. Faltó algún reconocimiento a los nativos americanos, pero todo no se puede.

Pedro Perucca – @PedroP71

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