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Paro Internacional de Mujeres: que nada siga como está

Paro Internacional de Mujeres: que nada siga como está
marzo 07
23:59 2017

Por Mariel Martínez. ¿Se acuerdan del primer Ni una menos? Causó un revuelo bárbaro. Daba miedo porque no se sabía qué, ni cómo, ni cuántas. Algunos hasta pretendían desconocer el por qué, a pesar de que a ese junio del 2015 se había llegado con una acumulación de femicidios que resultaba abrumadora hasta para la prensa más conservadora y regresiva. Otros, más despiertos, entendían que era una consigna innegable, y que plegarse a ella era una necesidad de la etapa, una oportunidad de foto, un estar en el centro de la escena.

Pero nosotras pronunciábamos: para decir ni una menos hay que dejar de objetualizarnos, hay que contemplarnos en las políticas de Estado, hay que dejar de acosarnos en la calle. Hay que hacer cosas simples, cotidianas, tan sencillas que ni siquiera haciéndolas podía nadie sumarse el mote de ser “feminista”, esa palabra que tanto asusta. Considerarnos, haciendo un esfuerzo mínimo, igual de humanas que los hombres.

Y ese 3 de junio de 2015 fue grande y fue diverso. Mujeres trabajadoras, madres, lesbianas, mujeres de todas las edades sumábamos al grito la consigna de “vivas nos queremos”. Así de simple. Ese año 286 mujeres habían sido asesinadas y, un año después, la cifra crecía: cada 31 horas un femicidio era perpetrado. Hoy, más allá de que el presidente en el discurso de apertura de las sesiones del Congreso haya trabajado con datos de más de dos años de caducidad, sabemos que cada 18 horas una mujer es asesinada, víctima de la violencia machista, para luego ser parte del derrotero que exige reparo a una justicia patriarcal.

Luego de un segundo Ni una menos masivo y más acá, el asesinato de Lucía Pérez nos conmocionó hasta los huesos. El octubre pasado, ante un caso más -esta vez más doloroso y más perverso- decidimos ya no simplemente movilizarnos, sino parar. Un paro de mujeres. Un día sin nosotras, o con nosotras en las calles, a pesar de la lluvia y de las tristezas. Fuimos protagonistas de una de las primeras y más masivas movilizaciones, no sólo contra un sistema que nos mataba y nos condenaba a una desigualdad igual de injusta quede asesina, sino contra un gobierno que, a pocos meses de asumir el comando del Estado, predicaba una cosa y decía otra: las políticas de género, de atención a víctimas de la violencia machista y de salud sexual, fueron de las primeras desarticuladas y vaciadas de presupuesto.

Es poco el tiempo que transcurre entre cada una de nuestras luchas, porque es también poco el que se sucede entre cada una de las injusticias de las que somos víctimas. El femicidio de Melina Romero sigue esperando justicia. Higui, presa por defenderse de un ataque cobarde y lesbofóbico, sigue siendo privada de su libertad. En estos días, seis compañeras fueron detenidas en la Ciudad de Buenos Aires en un operativo policial desmedido por difundir la convocatoria al paro del 8 de marzo.

Y así podemos seguir una lista que a todas luces podría amedrentarnos. Podría.

Pero hete aquí que al “sexo débil” no le alcanza con la lucha defensiva. Decir que “nos mueve el deseo” es decir que vamos no sólo contra lo que nos lastima, sino que vamos por todo lo que nos falta: la justicia para cada una de nuestras compañeras pero también nuestros derechos sexuales, laborales y civiles. La transformación de nuestra educación desde niñas. El privilegio de nuestras ganas. El respeto por nuestras decisiones. La belleza que tiene cada una de las formas en las que elegimos ser mujer. Nos mueve el deseo más propio, no el lugar vistoso en el que nos pone el deseo de los otros. Nos deseamos libres, plenas, vivas.

Este 8 de marzo nosotras no sólo nos movilizamos. Nosotras paramos. Porque por los mismos trabajos que hacemos de igual manera que los hombres, recibimos  salarios más bajos. Paramos porque el trabajo doméstico lo realizamos las mujeres y nuestro día tiene una jornada doble: después de sostener nuestros empleos asalariados seguimos trabajando en nuestros hogares, garantizando la vida de otros y otras. Porque el ajuste, y la pobreza que genera,  nos golpea de una forma más profunda y más invisible.  Paramos porque los varones, sindicalistas bien machos, son tan tímidos que todavía no se animan a un paro general.

Cincuenta y cuatro son los países que este 8 de marzo se unen a este Paro Internacional de Mujeres. Para nosotras, algo obvio: más que las idiosincrasias, más que las identidades que marcan las fronteras, nos unen las mismas ganas de que todo cambie. Queremos que la tierra tiemble para que se mueva. Porque nadie, ninguna, está cómoda donde está.

Nos mueve el deseo de querernos vivas y sentirnos libres. Nos junta la lucha para que no haya ninguna mujer menos. Nos hace felices que la tierra tiemble. Que el mundo vibre. Que todo cambie de lugar. Nuestra lucha es larga porque el objetivo es ambicioso: queremos que nada siga como está.

@Mariel_Mzc

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